Cultura

El término campechano es a la vez un gentilicio y un adjetivo. Gentilicio porque identifica a la gente nacida en esta tierra, y adjetivo porque reconoce ciertas características a quien es calificado. Una gente sin problemas, sin estrés, que toma la vida con tranquilidad y sin preocupaciones, es un campechano.

Así se puede entender Campeche. En las ciudades, inclusive en la capital, la vida tiene ritmo de toda la provincia mexicana. Los vendedores pregonan sus mercancías deambulando por las calles: antojitos, pan, tortillas, helados, aguas frescas. Cantando, a voz en cuello, y ofreciendo cualquier cosa que la gente pueda necesitar.

Y las tradiciones persisten en la vida doméstica, donde cada día de la semana se prepara el mismo platillo en todas las casas. Los lunes es el puchero; bistec de cazuela para los jueves y pescado fresco cada viernes. La noche del sábado se come, invariablemente, chocolomo, un guiso representativo preparado a base de carnes y riñones.

Tradición –y gusto, también- es la hostilidad. Como en el resto de México, que aquí nadie se extrañe de oír: “Mi casa es tu casa”. No hay formulismos en esa expresión. Hay un corazón abierto que disfruta recibiendo a la gente de todas partes del mundo.

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